Lo que un terremoto me recordó
Hay momentos en los que hacer una pausa también es una forma de estar presentes.
En A Cada Paso pausamos los nuevos episodios para enfocar nuestra atención y espacio en apoyar a quienes lo necesitan en Venezuela. Gracias por entender. Nos volveremos a encontrar pronto.
Hace unos meses hice un ejercicio que uso mucho en mi curso Alinéate. La pregunta era sencilla: ¿cuáles son tus cinco valores más importantes?
Los míos no han cambiado mucho con los años. Familia, relaciones, libertad, balance y salud.
Siempre digo que intento tomar decisiones alineadas con ellos. Pero una cosa es decirlo y otra vivir una experiencia que te los confirme.
En los días posteriores al terremoto hubo muchas réplicas. Y yo que soy más gallina que quién sabe, me estresaba cada vez más; y en medio de ese susto, en ningún momento pensé: “qué bueno que tengo una casa más grande” o “qué bueno que hice X o Y”.
Lo que me daba tranquilidad era estar acompañada de la gente que quiero: mi mamá, mis hermanos, mis tíos y mis amigos con quienes crecí.
El día más estresante del viaje terminamos reunidos con la familia Vetencourt-Olmeta.
Nos conocemos desde niños. Y hace unos años, cuando su hija vino a estudiar a Boston, nos preguntaron si podían quedarse unos días en la casa mientras se organizaban. Dijimos que sí sin pensarlo mucho.
Esa visita nos volvió a unir. Cuando mi papá se enfermó, nos ayudaron un montón. Y ahora, en pleno terremoto, hicieron lo que siempre hacen: hacer reír.
Justo antes de viajar a Venezuela, nos reencontramos con unos amigos de mi hermano, compañeros de estudio de hace más de 35 años, que también se quedaron unos días en nuestra casa y terminaron siendo de gran apoyo.
Las dos experiencias me hicieron pensar en lo mismo. En Venezuela crecimos con las puertas de la casa abiertas. Con los años, viviendo en Estados Unidos, uno va perdiendo esa costumbre sin darse cuenta. Entre las agendas, el “no quiero molestar” y las visitas que se planifican con semanas de anticipación, la puerta se va cerrando sola.
Y estas dos visitas me recordaron todo lo que uno gana al abrir espacio para la gente. Fortalece relaciones que después te acompañarán durante años.
Luego llegué al aeropuerto de Venezuela y me volvió a pasar lo mismo. La gente conversaba con desconocidos, se ayudaba, se preguntaba cómo estaban. Pensé: esto también me gusta de nosotros.
Cuando finalmente llegué a Boston, lo único que quería era abrazar a Dan y a mis hijas.
Esas semanas también estaba el Mundial, y la mayoría de los juegos los vimos con amigos. Lo que más disfruté fue lo de siempre.
Conversar.
Reírnos.
Estar juntos.
Muchas de las mejores decisiones que he tomado en mi vida tienen que ver con las relaciones. Invitar gente a la casa. Aceptar invitaciones. Mantener amistades durante años. Buscar tiempo para mi familia. Viajar para ver a la gente que quiero.
Por eso me gusta tanto hablar de valores y basar mis decisiones en ellos. Y ahora me da curiosidad.
Y más importante todavía... ¿Las decisiones que estás tomando hoy reflejan esos valores?
Cuéntame, me encantaría leerte.
Un abrazo,
Gaby.
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Después de años entrevistando a personas increíbles en A Cada Paso, sentí que era hora de animarme a algo distinto. Llega Gaby Sin Filtro, un espacio íntimo donde comparto reflexiones y aprendizajes sobre el camino de conocernos y vivir con intención. ¡Escucha el episodio aquí!



